Vivencias de una época

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El señor Bernardo.

Me acuerdo de el estando yo sentado en el suelo mirando con que celeridad se metía los clavos en la boca y después de encajar el zapato en aquella especie de yunque, ponía un poco de cola en una pieza de cuero, la pegaba al tacón del zapato y con un pequeño martillo la iba clavando rápidamente. Después, la recortaba cuidadosamente para que no sobresaliera, le ponía con un trapo un betún negro o marrón y ya tenia el zapato arreglado.

Pero el señor Bernardo me dio algo muy importante en mi vida. Algo que me ha servido más que si me hubiera dejado una fortuna... me dejó imaginación.

Recuerdo aquellas tardes en que un pequeño Paquito bajaba con un pedazo de pan con chocolate y se sentaba en el suelo delante del viejo que comenzaba a relatarme las futuras correrías que íbamos a hacer por África.

- Nos iremos, Paquito, nos iremos los dos a África y veremos leones que rugirán inquietos, recelosos y pasearemos por las llanuras llenas de cebras que huirán a la carrera cuando pasemos. Tu tendrás que llevar un rifle ¡claro!, porque en cualquier momento nos puede atacar un leopardo o una tribu de caníbales. Y, a lo mejor, hasta conocemos a Tarzán, porque yo soy muy amigo de el.

Y Paquito se iba comiendo el trozo de pan con chocolate y en su mente rugían los leones y un poblado entero de negros bailaban a su alrededor mientras él, y el señor Bernardo, pasaban muy serios portando la melena del león que había tenido a aquella gente sumida en el terror.

Nunca le dije lo importante que fue para mí, sobre todo porque he necesitado toda una vida para darme cuenta.

Por él yo compraba más tarde el TBO para seguir las aventuras de Mister Morcillón y Babalú, me compré todas las novelas de Tarzán y completé los tebeos de Pantera Negra y hoy, después de cincuenta años, sigo mirando embobado los documentales de África y sus animales y en mi biblioteca he llegado a tener más de 5.000 libros.

Más tarde vendieron el piso (creo que era de su hermana) y el señor Bernardo pidió permiso para establecerse en el patio de la finca. Se construyo con maderas un pequeño cuartito (Ahora me es imposible comprender como alguien podía trabajar en un espacio tan reducido) y allí atendía a su clientela.

Hará ya mucho tiempo que moriría y el nunca supondría que Paquito, al cabo de muchos años, seguiría recordándolo con cariño. Donde esté, señor Bernardo, gracias, muchas gracias de parte de Paquito.

  1. El cine Ribalta.
  2. El gigante.
  3. A las pequeñas, ni me las toquen.
  4. Una historia de bisabuelos.
  5. Trampas en la luz.
  6. ¡Que dolor y que vergüenza!
  7. Lanas Aragón.
  8. El señor Bernardo.
  9. El efecto mariposa.
  10. Juanito Feliz.
  11. El cine Pompeya.

    1. Preguntas tontas

      ¿Son justas las multas?

      Siempre he pensado que una de las cosas más injustas que soportamos, son las multas.

      Supongamos dos personas que son multadas por exceso de velocidad. A ambas les ponen 300€ de multa porque han cometido la misma falta pero... Uno es rico y el otro pobre. El rico se rie y continúa haciendo lo mismo porque es un castigo minúsculo para él, el otro quiere pegarse un tiro porque ese mes su familia tendrá que pedir prestado para poder comer.

      Esto es un ejemplo pero ¿son justas las multas o son simplemente recaudación para los estados insaciables?

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