Mi calle de Jesús


Portada Fragmentos Historias

Imágenes de la época

Fragmentos

Volvió sobre sus pasos y regresó a casa. A la primera que encontró fue a Josefina.

-Josefina, ¿tú sabes algo de las monjas de clausura? Al pasar he visto que el convento estaba abierto.

-Se las han llevado -oyó decir a su padre desde la galería- esta mañana ha llegado un camión con una pandilla de energúmenos y entre risas y disparos al aire las han metido a todas en el camión. Supongo que ya estarán muertas.

***

Él ya había oído hablar sobre el coche de la calavera, pero la primera vez realmente que lo vio fue esa tarde. Un viejo Ford al que le habían puesto una calavera humana encima del capo del motor. De día impresionaba, pero de noche…, con una luz dentro del cráneo iluminando las cuencas de sus ojos, causaba verdadero horror. Cuando el coche de la calavera se paraba delante de un edificio y sacaban a la fuerza a alguien haciéndolo subir en él, la familia podía despedirse, porque era seguro que ya no se le vería más. Era la forma en que se saldaban envidias, rencores y venganzas. Así desaparecían deudas, vecinos molestos…, y se cometía toda clase de crueldades al amparo de una guerra que había escarbado en lo peor de las gentes sin temor alguno a unas leyes inoperativas y dependientes de un gobierno que las mal administraba. Les bastaba cualquier excusa. Con que fueran católicos, o ricos, o simplemente molestos a sus intereses ya era suficiente para que, bajo el epíteto de «facha», desaparecieran para siempre sin ningún problema.

***

-Paco, vengo a decirte que mañana te pongas malo y no salgas de casa.

Paco miró extrañado a su amigo Galdós.

-¡Y eso? ¿Por qué?

-Me han dicho unos compañeros que te advirtiera. -ante la cara de sorpresa de Paco, que esperaba la aclaración continuó…

-Tú no tienes delitos de sangre, nadie podrá achacarte ninguno, pero mañana no saben a qué hora, van a matar a «Zapatones».

-¿Por qué os arriesgais ahora? ¿Qué sentido tiene si la guerra está perdida? Ya es inútil pensar en milagros y los milagros nosotros los dejamos para los curas.

-Por eso mismo, Paco. Este tío es un mal bicho, es una escoria humana. Un sádico que carece de moral, de ideales y de cualquier signo que lo aproximen a una persona.

***

Todavía era noche cerrada cuando unos fuertes golpes en la puerta del patio sobresaltaron a toda la casa.

-¡Francisco Oltra. La guardia civil. Abran la puerta inmediatamente!

Aún no habían terminado las voces y ya Paco estaba levantado. Cogió a su mujer por los hombros, la miró a los ojos y le dijo.

-Tengo que descolgarme, no tengas miedo, no me buscan por haberme reconocido. Irán a ver a todos los anarquistas. Pero no pueden ver que tengo una herida. Me descuelgo al campo. Que mi padre retire la cuerda cuando haya llegado abajo.

***

En el tugurio, una de aquellas mujeres vio el papel que Fina acababa de tirar. Lo recogió del suelo y lo leyó. Mientras lo hacía una lágrima resbaló por su mejilla, después lo alisó lo mejor que pudo y se lo guardó en el pecho, y al hacerlo sintió una mezcla de pena y admiración por aquella mujer al comprender que, sin duda, aquel papel, en otro momento, debería de haber representado mucho para ella, y que no merecía sufrir aquel desengaño… ¡Hombres! -musitó con desprecio.

Después en silencio, sin palabras, se repitió para sí los versos que había leído y pensó que, ¡cuánto le hubiera gustado que alguna vez un hombre se los hubiera dedicado a ella!

Cuando más el tiempo avanza
Más te tengo en el pensamiento
Para expresar lo que siento
Mi pobre verso no alcanza.

Eres toda mi esperanza
Eres bendita ilusión
Eres luz, que en la prisión
Como cascabeles suena
Y por bendita y por buena
Te llevo en mi corazón.

Francisco Oltra Paricio
(Cárcel de San Miguel de los Reyes)
Valencia
***

-Aunque tu papá está muerto, mientras tú quieras él seguirá vivo en tus recuerdos. ¿Cómo te llamas?

-Pepita señora, me llamo Pepita.

-Pues bien Pepita, yo soy Campanilla, si seguimos viéndonos, a lo mejor algún día te cuente una historia, mientras, te voy a explicar mi proceder. Una persona solo está muerta cuando nadie la recuerda. Delante de ti tienes a Vicente Blasco Ibáñez. Murió ya hace mucho tiempo, nada menos que veinticinco años, sin embargo sigue vivo en sus libros. Su espíritu está en ellos y mediante sus líneas se comunica con sus lectores. De ese modo siempre vivirá. Sin embargo aquí hay mucha gente que ya no tienen a nadie que los recuerde. A esos son a los que yo visito y no necesito haberlos conocido cuando vivían, simplemente me dan pena aunque solo conozca de ellos sus nombres y su retrato. Paseo por delante de la lápida y los saludo «hola Federico, hola Antonio, hola María, ya estoy aquí acordándome de ti». A veces añado algo de conversación como «supongo que serías una buena persona en vida, o… tienes cara de pícaro, Ernesto» -se interrumpió para aclarar-. Como ves, no estoy loca. Sé que es una tontería, pero a ellos los mantengo vivos y ellos me devuelven su compañía a mí, puesto que los vivos también me han olvidado.

***

-¿Por qué se paran «teta»? -le preguntó intrigado

-Mira Paquito -le sugirió ella- ¡Fíjate! ¿Te das cuenta de que todas esas mujeres llevan ropa negra y faldas muy anchas hasta los pies?

-Sí. ¿Y por que van de negro? A mí me parecen las brujas malas de los cuentos.

-No, Paquito, no. Seguramente son buenas personas, pero son muy mayores y a esas edades seguro que han perdido a algún familiar que ha fallecido y ellas les guardan el luto con el color negro. De esa manera exteriorizan lo apenadas que están por esas muertes de sus familiares queridos. Y llevan las faldas largas porque son muy mayores y continúan llevándolas siguiendo la moda que han seguido toda su vida.

-¡Ah!, pero ¿por qué se paran? -le insistió interesado

-Lo vas a ver enseguida con esa mujer que se ha parado al lado de la «paraeta» (1) de los cacaos y altramuces. ¡Fíjate y verás que, cuando comience a andar, en el suelo hay un charquito de agua!

-¡Si teta, se ha «meao»! -rió el niño divertido al momento, comprobando que la mujer se había orinado justo en el sitio en que se había parado un momento.

-¿Ves?, pues ya lo sabes. Para ellas resulta incómodo ir a los retretes de la estación, porque están muy sucios, y no quieren tomar el tren y tener que aguantarse todo el camino, hasta llegar a su pueblo, las ganas de mear. Les resulta más cómodo así porque las faldas son muy anchas y ellas saben cómo ponerse para no mearse en ellas.

-Pero «teta»... ¡se mearán las bragas! -le apuntó el avispado niño.

-¡No, tonto…, no llevan!

Y ahora rieron los dos.

  1. Inicio
  2. 400 recetas Valencianas.
  3. El comunicado.Calle de Jesús.
  4. Anarquista. Versos desde la cárcel.
  5. El futuro imperfecto 1
  6. Crónicas de Mesxicotet.
  7. Que comemos hoy?

En Amazon

Historia real de una familia desde el año 1935 al 1957. Un periodo en el que se ha dicho y se siguen diciendo algunas verdades y muchas mentiras. Sin ningún tinte político F. Oltra narra la realidad de él y su familia. No deje de visitar la web para leer más información sobre su contenido.