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Me equivoqué también.

Cuando llegó la democracia todos estábamos contentos. Yo igual o más que todos. Por fin tendríamos un régimen como el que defendió mi padre y por el que dio su vida.

Pero al poco tiempo me di cuenta de que esto no era como se había soñado.

Junto con mi querido suegro nos hicimos del Psoe. Lógicamente. Las izquierdas eran los buenos porque querían la democracia y el bienestar del trabajador.

La venda calló de los ojos casi de inmediato.

Los buenos han de ser los primeros que tiendan la mano y no destapen odios, porque malas acciones se vieron en los dos bandos. Ahora era un tiempo de olvidar (porque en ambos lados hubieron las mismas crueldades) y unidos crear un mundo para nuestros hijos en los que cada partido compitiera con las mejores razones e ideas para hacer un mundo mejor.

¡Qué equivocado estaba!

De inmediato vi que las izquierdas habían descubierto la facilidad con la que se corrompe con odios a una cantidad enorme de personas. ¡Había que ganar mostrando miserias, reales o inventadas, del contrario!

Hubieron frases y hechos que todavía me resuenan en los oídos porque no las pude, ni puedo entender.

Ante un comentario de un amigo, el personaje de derechas dijo: Lo malo es que en la guerra teníamos que haber matado a los hijos.

Y ante una situación parecida, el amigo de izquierdas, ante la cifra de que los partidos comunistas tenían el record de asesinatos con más de 150.000.000 de muertos dijo: ¡Pues aun tenían que haber sido más!

En una conversación, preparando las elecciones, en la sede del Psoe en Valencia, un amigo muy querido por mi dijo: Ahora los fascistas destaparán las tumbas para que voten. A esto, un anciano que estaba enfrente de nosotros contestó: No te equivoques Antonio, como nosotros, yo fui encargado por el partido y el Frente Popular, para estar delante de un colegio electoral y, mostrando la pistola que llevaba al cinto, decirle a cada uno que entraba: Supongo que sabes a quien tienes que votar, verdad Fulano. Mi amigo, al grito de ¡Eso es mentira! Casi mata al compañero de partido.

¿Qué estábamos haciendo? ¿Adonde habíamos llegado? Hasta que los partidos no sean conscientes de que en este mundo global hemos de estar unidos y que los enemigos no son nuestros vecinos que piensan de otro modo, sino otros mercados mucho más inteligentes y competitivos que nosotros, no podríamos competir y mejorar.

También en esto me equivoque, creía que una vez pasara la generación que había soportado la guerra, habría otra que miraría al frente por el bien de sus hijos y nietos y no hacia atrás en donde cada casa tenía sus muertos, fueran del color que fueran. Sería otra generación más inteligente y con más conocimientos que habría estudiado la historia y no se la podría engañar, que sería capaz de no creer en nada si no lo veía con sus ojos o lo tocaba con sus manos, pero no ha sido así, los padres han seguido metiendo odios, el estado ha conseguido que seamos un país en el que solo ganamos al resto en suspensos y repetidores.

Y llegamos al colmo cuando, después de cuarenta años, seguimos destapando tumbas, insultando y mintiendo sobre la oposición, que ya todos recurren a lo mismo porque si no se recurre a las malas artes no se podría ganar y dejamos que el que más mienta, gane. Nos hacemos débiles, nos peleamos con odios: los hombres son TODOS malos y matan mujeres, el amor y el cariño no es bueno, lo mejor es tener la mente plana, dejemos que el gobierno de turno piense por nosotros, si algo va mal, ellos lo arreglarán poniéndose el jornal que les de la gana, no pienses, no te preguntes ¿por que? La política es fácil, los míos lo hacen todo bien y los otros todo mal, si los míos mienten es por necesidad y si son los otros es por maldad y hacerme un mal.

¡Así no podemos funcionar! Así somos borregos. ¡No existen ideas! ¡No existen partidos! ¡No existen religiones!

¡SOLO HAY GENTE BUENA Y GENTE MALA. Sean rojos, azules, verdes o amarillos. Pero, desde luego, no hay que ser idiota porque se están aprovechado de los bobos...¡pero es que hay tantos!

Han hecho de nosotros un país tan aborregado que somos como la gallina de Lenin a la que despluma viva pero luego lo sigue sumisa porque le muestra algunos granos de trigo.

He dicho.


La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino lo bien que haya sido representada. Séneca




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Comarca Rural Futuro imperfecto Nostra Taula

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