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Estamos en Adviento: “Tiempo de preparación para celebrar la Navidad que comienza cuatro domingos antes de esta fiesta, y que marca el inicio del Nuevo Año Litúrgico”.

El mesías siempre llega por Navidad.

Bueno…, eso era antes, cuando España se llamaba España. Antes de que los llamados a sí mismos “progresistas” la convirtieran en algo tan inconcreto como “País”. Antes, también, de que algunos compatriotas, que no quieren serlo, dieran un golpe de estado pretendiendo crear una mini república bananera, y ya de paso cargarse la Monarquía, quemar la Constitución y nuestra bandera y, en definitiva, romper la unidad de España.

Por entonces, cuando España aún era España, en época de Adviento se preparaba la llegaba del “Niño”. Y el “Niño” era uno de verdad, y se llamaba Jesús; su padre, José, era un humilde carpintero, y su madre, nada menos que la virgen María. Y así se representaba en los miles de “belenes” que, en la mayoría de los hogares, de los entonces llamados españoles, se montaban por estas fechas. Y en los “belenes” había una burra y un buey. Pero eso también fue antes de que los llamados “ecologistas” salieran vociferando contra el maltrato animal que suponía que, a los pobres burro y buey, se les utilizara pasando frío y contaminando el aire con sus ventosidades, nada menos que por calentar al que, se decía, estaba destinado a ser ni más ni menos que un “Rey”.

Ante el desarraigo y esta pérdida voluntaria de valores originales, ahora considerados obsolescentes, necesitamos otros nuevos que los reemplacen porque al final nuestro espíritu sigue necesitando algún referente ideológico. Así que ahora, y para no alterar el orden de moda preestablecido por los llamados “progresistas y ecologistas”, dejamos nuestro “Portalito de Belén” (de auténtico corcho ecológico), con su niño, su burra y su buey (de auténtico barro, ecológico también), guardado en un rincón del armario, y en su lugar nos limitamos a adornar un pino, que presidirá el mejor rincón de nuestra casa. Eso sí, de plástico, comprado en un todo a cien chino; que al parecer el plástico este no contamina y la industria de los chinos que los fabrican tampoco.

Ahora el “Niño” ya no es un niño representativo de la Navidad, ahora tan solo es un décimo de lotería que se promociona por estas fechas, usando precisamente su nombre; pero tampoco el Mesías ya es un niño. Ahora es una niña. Eso lo han decidido también los llamados “progresistas y ecologistas”. Se llama Greta Thunberg, padece síndrome de Asperger y no viene de Oriente, que viene del norte, muy al norte. Y su padre se llama Svante y no es precisamente carpintero: es actor secundario; y su madre, cantante –que ya no canta- y que tampoco es virgen, se llama Malena -que los tiempos cambian-.

«Tengo Asperger y eso significa que a veces soy un poco diferente de la norma. Y ser diferente es un superpoder», admitía la joven recientemente en Twitter.

Perfecto: una niña de dieciséis años con un problema neurológico, muñeco fácilmente maleable a los intereses del progresismo y ecologismo radical en alza (recordemos que fue un reportaje en el colegio lo que en su mente despertó y motivó su interés exacerbado por la ecología), y con unos padres que ansían el protagonismo a nivel mundial, y que han conseguido con la imprescindible e interesada colaboración de los medios de comunicación…, Y es que el Mesías siempre llega por Navidad.


La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino lo bien que haya sido representada. Séneca




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Comarca Rural Futuro imperfecto Nostra Taula

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